los otros

Martí Salas, escritor, actor y músico, afirmaba en una entrevista en el periódico Ara que la primera lección que aprendió como escritor fue que “para escribir algo que tenga validez, debes superarte a ti mismo; si no, no tiene interés, empieza y acaba en ti”. Si aplicáramos sus palabras el pie de la letra al ámbito de la publicidad podríamos concluir -sé que no es cierto- que todo lo que escriben los redactores publicitarios o de contenidos es interesante: no se me ocurre nadie que cuando escribe se olvide tanto de uno mismo y centre su discurso en los otros.

Cuando escribimos publicitariamente lo hacemos sobre los productos o las marcas de nuestros clientes, intentamos adivinar qué mensaje les gustaría transmitir, utilizamos su tono de voz corporativo, ayudamos a crear su identidad verbal, damos la palabra a sus supuestos consumidores -ahora hablamos como un ama de casa, ahora como un adolescente- o a sus prescriptores –hoy somos un dentista y mañana una celebridad recomendando un champú “porque yo lo valgo”. Si oficiamos como redactores de contenidos, deberíamos escribir sobre aquello que es relevante para la empresa y, sobretodo, para su audiencia adaptando nuestro estilo y nuestro lenguaje a su perfil. Pero en todo caso, sea cual sea nuestro rol como redactores, la inmensa mayoría de veces el yo desaparece y creamos desde la alteridad o pensando en ella. Y como la vida nos enseña, no resulta nada fácil ponerse en la piel de los otros.

Anuncios

hola o adiós

Hace poco leí un artículo de Ramón de España en El Periódico de Catalunya en el que afirmaba que existían dos tipos de personas: las que siempre dicen hola y las que siempre dicen adiós. Se refería a las personas con las que nos topamos fortuitamente en la calle. Las primeras siempre se paran para saludarte, se alegran de verte y les gusta iniciar una conversación, por mínima que sea: ¿Qué tal? ¿Cómo estás? ¡Cuánto tiempo! ¿A ver si quedamos para comer? Las segundas, si antes no han fingido no vernos, apenas balbucean un adiós a modo de despedida instantánea mientras se alejan acelerando el paso.

Pienso que con los textos publicitarios sucede lo mismo. Hay textos que nos saludan con un hola respetuoso, nos hacen aminorar la marcha hasta detenernos, invitan a quedarse para que los sigamos leyendo o escuchando y, por supuesto, intentan seducirnos de manera inteligente. Y después están los textos que solo saben decir adiós. Son los que pasan de largo y se esfuman rápidamente porque no tienen nada que decir, o porque lo que nos comunican ya ha sido dicho infinidad de veces de la misma manera, o porque nos hablan con un tono inadecuado o porque ofenden nuestra inteligencia. Intentaré que Think copy sea un hola y no un adiós.